Jung y las cuatro máscaras

por Lic. Patricia López
Hoy en vísperas de un año nuevo quiero compartir sobre cómo se clasifica el progreso individual según Carl Gustav Jung, un psicoanalista moderno. Él dice que nuestro progreso se clasifica en etapas y las nombra a cada una como la Persona, la Sombra, el Alma y el Viejo sabio.
Solía decir que todos nosotros bebemos de una misma fuente. Lo explicaba mediante toda una teoría que se remontaba al trabajo de los antiguos alquimistas, que dominaban a esta fuente el “alma del mundo” (Anima Mundi).
Según esta teoría, durante toda nuestra vida intentamos ser individuos únicos e independientes, pero una parte de nuestra memoria la compartimos con toda nuestra humanidad. No importa a que credo o a que cultura se pertenezca: todos buscan el ideal de la belleza, de la danza, de la divinidad, de la música.
La sociedad, sin embargo, se encarga de concretar como estos ideales van a manifestarse en la realidad diaria. Por ejemplo, hoy en día el ideal de belleza consiste en estar delgada, mientras que hace miles de años las imágenes de las diosas eran gordas. Lo mismo ocurre con la felicidad: hay una serie de requisitos que, de no cumplirse, no nos permiten aceptar conscientemente el hecho de que tal vez ya somos felices. Tales requisitos no son absolutos, y cambian de generación en generación.
Jung solía clasificar el progreso individual en cuatro etapas: la primera era la Persona, mascara que usamos todos los días, fingiendo lo que somos. Pensamos que el mundo depende de nosotros, que somos excelentes padres y que nuestros hijos nos comprenden, que los jefes son injustos, que el sueño de todo ser humano es parar de trabajar para siempre y pasarse la vida viajando. Algunas personas procuran entender que es lo que no encaja, y acaban pasando a la siguiente fase, la Sombra.
La Sombra es nuestro lado negro, que dicta como debemos actuar y comportarnos. Cuando intentamos librarnos de la Persona, encendemos una luz dentro de nosotros, y logramos ver las telas de araña, la cobardía, la mezquindad. La Sombra esta allí para impedir nuestro progreso, y generalmente lo consigue. No obstante, algunos superan este enfrentamiento con sus telas de arañas diciéndose: ” Es verdad que tengo algunos defectos, pero soy digno, y quiero seguir adelante” en este momento, la sombra desaparece, y entramos en contacto con el Alma. Jung no entiende por el alma nada relacionado con la religión. Se refiere a un regreso al Alma del Mundo, la fuente de conocimiento. Donde los instintos comienzan a agudizarse y las señales que envía la vida son más importantes que la lógica. Comenzamos a entrar en contacto con realidades a las que no estábamos acostumbrados. Y descubrimos, que si conseguimos canalizar este chorro de energía continua, vamos a organizarlo en un centro sólido, al que Jung llama “El Viejo Sabio”, para los hombres, o la “la Gran Madre” para las mujeres.
Pero permitir esta manifestación es peligroso. Quien llega a este punto tiene tendencia a considerarse santo, domador de espíritus, o profeta. No solo las personas usan estas cuatro mascaras: también las sociedades… La sociedad occidental tiene una determinada Persona, ideas que nos guían y que parecen verdades absolutas.
Pero las cosas cambian. En su intento de adaptarse, vemos las grandes manifestaciones de las masas, en las que la energía colectiva puede ser manipulada para el bien o para el mal (la Sombra). De pronto, la Persona o Sombra ya no terminan de satisfacer, y llega el momento de dar un salto, y comienzan a surgir nuevos valores (inmersión en el alma). Y al final de este proceso, para que estos nuevos valores se afiancen, la raza humana comienza a captar de nuevo el lenguaje de las señales (el Viejo Sabio).
Es justamente eso lo que estamos viviendo ahora. Puede prolongarse cien o doscientos años, pero todo está cambiando…para bien…
Abrazo fuerte y muchos éxitos para este año 2017!!!!!
Lic. Patricia López