Mentiras duraderas

por Lic. Patricia López
Un Paciente me consulta: ” Licenciada mi hermano mayor vive mintiéndole a su mujer, a la familia, a los clientes del negocio, a sus empleados y a sus amigos. Todos tenemos problemas por él y parece que no le importa. No entiendo porque lo hace y le agradecería que nos ayude a entenderlo”….
Bueno…las personas que mienten generan muchos inconscientes y relaciones poco solidas que resultan difíciles de modificar. Dos rasgos prevalecen en quienes optan por la mentira frecuente: Baja autoestima y Egoísmo exagerado.
Los estudiosos del tema afirman, por ejemplo un Psicoanalista moderno Bion, que para lograr un adecuado desarrollo de la mente se necesita de la verdad, de igual manera que el organismo requiere de saludables alimentos que lo nutran. Por el contrario, la mentira resulta un elemento dañino y toxico, aunque forma parte de la conducta normal si es ocasional y con un fin de protección.
No es lo mismo falsedad y mentira: una es una concepción errónea de la realidad, la otra implica una distorsión intencionada de esta. Las personas que mienten generan mundos inconscientes y relaciones poco solidas que resultan difíciles de modificar.
Los seres humanos decimos mentiras en muchas épocas de nuestras vidas. Así, el niño es mentiroso en la medida en que sus fantasías se hagan presentes para confundirlas con realidades. El adolescente es mentiroso en la medida en que su encuentro con el mundo real cause frustraciones. El joven es mentiroso en tanto y en cuando no se sienta capaz de confrontar las verdades que le adversan. El adulto es mentiroso, cuando no ha logrado superar los obstáculos que le ha puesto la vida y por lo tanto para sentirse el triunfador que nunca ha sido, engaña. Por último, el anciano es mentiroso cuando no se perdona los errores que ha cometido en su vida.
Pero, a diferencia de esas etapas, en el caso del mentiroso habitual o el mitómano se trata de personalidades enfermas.
La mentira tiene distintas finalidades: quedar bien, conseguir algo que se quiere, no perder privilegios, obtener utilidades, no encarar la verdad, ser aceptado, postergar decisiones, evitar enfrentar los hechos. Le brinda al sujeto una dosis de satisfacción ya que suele sentir cierto grado de placer por ser más listo que los otros, al mismo tiempo que el riesgo lo hace disfrutar de su adrenalina. Como contracara, le implica un gran esfuerzo mental, ya que mentir obliga a generar nuevas mentiras para sostener su posición y después recordarlas.
Dos rasgos suelen prevalecer en la personalidad de quién miente con frecuencia: 1) una baja autoestima, por la cual la mentira es el medio para sentirse importante, llamar la atención y buscar una aceptación social, exagerando o inventando historias o anécdotas; 2) el egoísmo exagerado que lleva a usar la mentira para obtener lo que quiere. Su código moral es escaso y no hay culpa ni preocupación por el otro, salvo cierta vergüenza por ser descubierto. Una trampa que padece el mentiroso es que el personaje reemplaza a la persona y los beneficios o valoraciones que pueda conseguir le impiden disfrutarlo, porque no se relacionan con su verdadero YO, es decir con lo que es o intentan ser.
Otra que la mentira enferma: aumenta la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, y altera la actividad eléctrica de la piel, entre otras consecuencias posibles. Es raro que alquilen se trate por este trastorno pero si es frecuente que lo necesiten quienes padecen su convivencia o vinculación (la pareja, la familia nuclear), con quien hace de la mentira un habito.

ABRAZO FUERTE!!!!
Lic. Patricia Lopez